sábado, 26 de septiembre de 2015

LA FELICIDAD

Considero que formo parte de un universo infinito que desea lo mejor para mi, que merezco la vida y que tengo que ofrecer exactamente lo que alguien busca en algún lugar.Soy poderosa y estoy en armonía con la abundancia de la vida.

Todo tiene sus consecuencias. La razón por la cual nos aferramos a los comportamientos derrotistas es debido a que es más fácil no asumir responsabilidad. Si culpa a algo o alguien por ser como usted entonces esa persona o personas, esas circunstancias o energías tienen que cambiar para que usted mejore y muy probablemente eso nunca sucederá. Es una forma de manipular a otras personas. Por lo general, las excusas nos ayudan a salir del paso, en lugar de retarnos o hacernos cambiar. Si quiere cambiar y quiere tener una vida que funcione a un nivel jamás vivido, asuma la responsabilidad de su vida.

No estoy diciendo que un niño que ha sido abusado,maltratado, o abandonado hizo que eso sucediera; pero la reacción que usted tenga con relación a este asunto es suya. Cuando usted tenía cuatro años, no sabía otra cosa que estar aterrado o con miedo; pero ya no tiene cuatro años.Ahora [como adulto] tiene que escoger y reconocer que incluso el abuso que sufrió le ofrece una oportunidad para trascenderlo, de lograr ser una mejor persona y aún más significativamente, ayudar a que a otros no les suceda lo mismo.

M.DIAZM.DIAZ

domingo, 16 de agosto de 2015

ZONA DE CONFORT

Lo queramos o no, la capacidad para abandonar de manera consciente nuestra zona de confort y atrevernos a descubrir nuevos horizontes o perseguir nuestros sueños es lo que nos hace diferentes a los demás, es lo que nos permite tener nuevas experiencias que enriquezcan nuestra vida. Lamentablemente, la mayoría de las personas prefieren quedarse en su zona de confort, ese espacio en el que se sienten más o menos a gusto y al seguro.


Para comprender la zona de confort puedes imaginar dos círculos concéntricos, uno pequeño dentro de uno mayor, pero que no se tocan en ningún punto. El círculo pequeño representa todas las cosas a las que estamos acostumbrados, nuestros hábitos y rutinas, los sitios que solemos visitar y las personas que frecuentamos. Es nuestra zona de confort.

A primera vista, todo puede parecer genial, pero lo cierto es que mantenerse dentro de ese círculo no es una garantía de felicidad ni te asegurará que al final de tu vida no tendrás arrepentimientos. En realidad, mantenerse en la zona de confort te limita porque no te permite descubrir nada nuevo. De esta forma, es posible que mueras un poco cada día. De hecho, recuerda que la vida comienza donde termina tu zona de confort.

Sin embargo, existe un círculo mucho más grande, compuesto por las cosas que no conoces, por tus sueños, los desconocidos, los lugares nuevos… Es el círculo del aprendizaje. De hecho, solo crecemos cuando somos capaces de dar el salto a ese círculo, de manera que nuestro pequeño círculo se amplíe cada vez más. 

A muchas personas dar ese salto les asusta demasiado, porque no saben qué encontrarán en ese otro círculo, de manera que ponen en práctica un mecanismo de autosabotaje, para mantenerse en su zona de confort y no verse obligadas a salir.
LAS MENTIRAS PARA NO SALIR DE LA ZONA DE CONFORT

1. “No tengo por qué hacerlo”

Es cierto, no hay nadie que te empuje fuera de tu zona de confort, no es obligatorio que salgas, pero si te quedas dentro, no crecerás. Recuerda que no creces simplemente porque pasen los años, sino por los retos que enfrentas. Cuando piensas en un proyecto que representa un gran desafío y de repente tu voz interior te dice que no tienes por qué hacerlo, en realidad lo que estás expresando es una resistencia al cambio, porque una parte de ti desea que te mantengas dentro de los límites de lo conocido. Sin embargo, cuando vuelvas a pensar que no tienes motivos para emprender algo nuevo, recuerda que el simple hecho de crecer y descubrir, son razones más que suficientes. 

2. “No es el momento adecuado”

En muy pocas ocasiones se dan las condiciones perfectas para emprender algo, pero ir en pos de un sueño significa luchar contra viento y marea, creando las condiciones a lo largo del camino. Cuando te dices a ti mismo que no es el momento adecuado, está hablando el miedo, probablemente un intenso miedo al fracaso que te inocularon desde la infancia. Por supuesto, no se trata de lanzarse a la aventura sin valorar los pros y los contras pero si queremos lograr realmente algo en la vida, debemos ser conscientes de que no podemos quedarnos parados, necesitamos ir dando pequeños pasos. Y mientras antes comencemos a andar, mejor.

3. “Comenzaré cuando???”

Se trata de una de las excusas más comunes para quedarnos a salvo en nuestra zona de confort. En práctica, es el autoengaño perfecto porque no estamos renunciando al sueño o el proyecto que tenemos en mente, sino tan solo aplazándolo, hasta que se produzca determinada situación. El problema es que esta excusa nos lleva directamente a la procrastinación, por lo que es probable que cuando la condición que demandamos se cumpla, pongamos otra, y luego otra más. De esta forma logramos mantener viva la esperanza pero, a la vez, no tenemos que esforzarnos para hacer ese sueño realidad. Por eso, aunque no estén todas las condiciones creadas, simplemente ve dando pequeños pasos, no esperes demasiado porque la vida es muy corta.

4. “No es para mí”

Básicamente, detrás de esta frase se esconde la idea de que no somos lo suficientemente buenos o capaces. Se trata de la excusa perfecta para las personas inseguras y que tienen una baja autoestima. También es una excusa que utilizan las personas que tienen miedo del mundo y se cierran a las nuevas experiencias. En todo caso, no podrás saber si una cosa realmente te gusta o no hasta que no la pruebes. De hecho, es probable que en más de una ocasión hayas pensado que algo no estaba hecho para ti pero después de probarlo, has llegado a amarlo o incluso te has aficionado. Por tanto, no te cierres nunca a las nuevas experiencias ni te limites como persona. Es lo peor que podrías hacer. 

5. “No sé cómo hacerlo”

Las cosas nuevas pueden atemorizar, por eso una de las excusas que inventamos para permanecer en nuestra zona de confort consiste en decirnos que no sabemos cómo enfrentar el reto. Podemos pensar que no tenemos las habilidades necesarias o que nunca las podremos desarrollar. Sin embargo, recuerda que cuando tienes un "qué", los "cómos" llegan solos. Es cierto que para emprender determinados proyectos se requiere una preparación pero eso no implica que no puedas hacerlo, tan solo significa que te llevará más tiempo o que necesitarás a una persona que te ayude. Ninguna destreza surge de la nada, todas esconden en su base mucha pasión y esfuerzo. 

RECUERDA: ten siempre en mente lo que decía Nelson Mandela: “Imposible es todo aquello que no se intenta”. 

domingo, 2 de agosto de 2015

COMPETENCIAS EMOCIONALES


1.  Tomar de conciencia de los sentimientos. 
  • Competencia que tiene como objeto percibir los propios sentimientos y saberles poner un nombre.
2. Manejar los sentimientos.
  • Competencia centrada en la propia regulación y auto-control de los sentimientos.
3. Respetar la perspectiva.
  • Competencia en la que la persona debe ser capaz de entender y respetar los puntos de vista de los demás.
4. Analizar las normas que rigen la sociedad.
  • Competencia que tiene como objeto que la persona adquiera el espíritu crítico necesario para evaluar los medios sociales y culturales, así como los comportamientos de las personas.
5. Ser optimista.
  • Competencia que busca la capacidad para afrontar los retos diarios con la mejor predisposición y ánimo partir del autoconocimiento.
6. Ser responsable. 
  • Competencia que busca el correcto comportamiento de la persona a partir de hábitos saludables y responsabilidad ética.
7. Ser cuidadoso.
  • Competencia que pretende potenciar la bondad y la generosidad, así como la compasión y la caridad hacia el otro.
8. Respetar a los demás.
  • Competencia que tiene como fin aceptar las diferencias individuales y grupales, así como respetar los derechos propios de las personas.
9. Saber identificar problemas.
  • Competencia que persigue la capacidad de discernir situaciones problemáticas que requieren un determinada solución. Además, busca la capacidad para saber identificar los riesgos así como los recursos que los riesgos así como los recursos que dicho problema implica.

  • 10. Fijar objetivos realistas 

  • Competencia que priva la capacidad no sólo de reconocer y fijar un objetivo, sino de afrontar ese objetivo desde una perspectiva optimista y realista.

  • 11. Saber resolver problemas.
    12. Saber comunicarse.
    • Competencia en la que la persona debe esforzarse por atender a los demás tanto desde una comunicación verbal como no verbal y que esas personas sean capaces de recibir y entender los mensajes debidamente.
    13. Saber expresarse.
    • Competencia que busca la capacidad para iniciar y mantener una conversación, así como expresar sentimientos y pensamientos con claridad tanto desde una comunicación verbal como no verbal. También debe buscar que el mensaje haya sido comprendido correctamente por el otro.
    14. Saber cooperar.
    • Capacidad que prioriza la capacidad de ayudar a los otros en beneficio de un grupo y siempre desde una perspectiva didáctica.
    15. Saber negociar. 
    • Competencia que tiene como objeto la capacidad para resolver conflictos desde una visión pacifista y teniendo en cuenta los sentimientos del otro.
    16. Saber decir que no.
    • Competencia que tiene como objeto el saber decir que no de forma clara y asertiva.
    17. Saber pedir ayuda.
    • Competencia que tiene como fin identificar la necesidad de apoyo para así poder acceder a los recursos necesarios.

sábado, 9 de mayo de 2015

RESILIENCIA

Los 12 hábitos de las personas resilientes

La vida nos pone a prueba, nos plantea situaciones que superan nuestras capacidades: una enfermedad, una ruptura de pareja particularmente dolorosa, la muerte de un ser querido, el fracaso de un sueño largamente anhelado, problemas económicos… Existen diferentes circunstancias que nos pueden llevar al límite y hacer que nos cuestionemos si tenemos la fuerza y la voluntad necesarias para continuar adelante. En este punto tenemos dos opciones: dejarnos vencer y sentir que hemos fracasado o sobreponernos y salir fortalecidos, apostar por la resiliencia.

Resiliencia: definición y significado

La resiliencia es una capacidad que nos permite afrontar las crisis o situaciones potencialmente traumáticas y salir fortalecidos de ellas. La resiliencia implica reestructurar nuestros recursos psicológicos en función de las nuevas circunstancias y de nuestras necesidades. De esta manera, las personas resilientes no solo son capaces de sobreponerse a las adversidades que les ha tocado vivir, sino que van un paso más allá y utilizan esas situaciones para crecer y desarrollar al máximo su potencial.
Para las personas resilientes no existe una vida dura, sino momentos difíciles. Y no se trata de una simple disquisición terminológica, sino de una manera diferente y más optimista de ver el mundo ya que son conscientes de que después de la tormenta llega la calma. De hecho, estas personas a menudo sorprenden por su buen humor y nos hacen preguntarnos cómo es posible que, después de todo lo que han pasado, puedan afrontar la vida con una sonrisa en los labios.

La práctica de la resiliencia: ¿Cómo podemos ser más resilientes?

La resiliencia no es una cualidad innata, no está impresa en nuestros genes, aunque sí puede haber una tendencia genética que puede predisponer a tener un “buen carácter”. La resiliencia es algo que todos  podemos desarrollar a lo largo de la vida. Hay personas que son resilientes porque han tenido en sus padres o en alguien cercano un modelo de resiliencia a seguir, mientras que otras han encontrado el camino por sí solas. Esto nos indica que todos podemos ser resilientes, siempre y cuando cambiemos algunos de nuestros hábitos y creencias.
De hecho, las personas resilientes no nacen, se hacen, lo cual significa que han tenido que luchar contra situaciones adversas o que han probado varias veces el sabor del fracaso y no se han dado por vencidas. Al encontrarse al borde del abismo, han dado lo mejor de sí y han desarrollado las habilidades necesarias para enfrentar los diferentes retos de la vida.

¿Qué caracteriza a una persona resiliente?

Las personas que practican la resiliencia:
  1. Son conscientes de sus potencialidades y limitaciones. El autoconocimiento es un arma muy poderosa para enfrentar las adversidades y los retos, y las personas resilientes saben usarla a su favor. Estas personas saben cuáles son sus principales fortalezas y habilidades, así como sus limitaciones y defectos. De esta manera pueden trazarse metas más objetivas que no solo tienen en cuenta sus necesidades y sueños, sino también los recursos de los que disponen para conseguirlas.
  2. Son creativas. La persona con una alta capacidad de resiliencia no se limita a intentar pegar el jarrón roto, es consciente de que ya nunca a volverá a ser el mismo. El resiliente hará un mosaico con los trozos rotos, y transformará su experiencia dolorosa en algo bello o útil. De lo vil, saca lo precioso.
  3. Confían en sus capacidades. Al ser conscientes de sus potencialidades y limitaciones, las personas resilientes confían en lo que son capaces de hacer. Si algo les caracteriza es que no pierden de vista sus objetivos y se sienten seguras de lo que pueden lograr. No obstante, también reconocen la importancia del trabajo en equipo y no se encierran en sí mismas, sino que saben cuándo es necesario pedir ayuda.
  4. Asumen las dificultades como una oportunidad para aprender. A lo largo de la vida enfrentamos muchas situaciones dolorosas que nos desmotivan, pero las personas resilientes son capaces de ver más allá de esos momentos y no desfallecen. Estas personas asumen las crisis como una oportunidad para generar un cambio, para aprender y crecer. Saben que esos momentos no serán eternos y que su futuro dependerá de la manera en que reaccionen. Cuando se enfrentan a una adversidad se preguntan: ¿qué puedo aprender yo de esto?
  5. Practican el mindfulness o conciencia plena. Aún sin ser conscientes de esta práctica milenaria, las personas resilientes tienen el hábito de estar plenamente presentes, de vivir en el aquí y ahora y de tienen una gran capacidad de aceptación. Para estas personas el pasado forma parte del ayer y no es una fuente de culpabilidad y zozobra mientras que el futuro no les aturde con su cuota de incertidumbre y preocupaciones. Son capaces de aceptar las experiencias tal y como se presentan e intentan sacarles el mayor provecho. Disfrutan de los pequeños detalles y no han perdido su capacidad para asombrarse ante la vida.
  6. Ven la vida con objetividad, pero siempre a través de un prisma optimista. Las personas resilientes son muy objetivas, saben cuáles son sus potencialidades, los recursos que tienen a su alcance y sus metas, pero eso no implica que no sean optimistas. Al ser conscientes de que nada es completamente positivo ni negativo, se esfuerzan por centrarse en los aspectos positivos y disfrutan de los retos. Estas personas desarrollan un optimismo realista, también llamado optimalismo, y están convencidas de que por muy oscura que se presente su jornada, el día siguiente puede ser mejor.
  7. Se rodean de personas que tienen una actitud positiva. Las personas que practican la resiliencia saben cultivar sus amistades, por lo que generalmente se rodean de personas que mantienen una actitud positiva ante la vida y evitan a aquellos que se comportan como vampiros emocionales. De esta forma, logran crear una sólida red de apoyo que les puede sostener en los momentos más difíciles.
  8. No intentan controlar las situaciones. Una de las principales fuentes de tensiones y estrés es el deseo de querer controlar todos los aspectos de nuestra vida. Por eso, cuando algo se nos escapa de entre las manos, nos sentimos culpables e inseguros. Sin embargo, las personas resilientes saben que es imposible controlar todas las situaciones, han aprendido a lidiar con la incertidumbre y se sienten cómodos aunque no tengan el control.
  9. Son flexibles ante los cambios. A pesar de que las personas resilientes tienen una autoimagen muy clara y saben perfectamente qué quieren lograr, también tienen la suficiente flexibilidad como para adaptar sus planes y cambiar sus metas cuando es necesario. Estas personas no se cierran al cambio y siempre están dispuestas a valorar diferentes alternativas, sin aferrarse obsesivamente a sus planes iniciales o a una única solución.
  10. Son tenaces en sus propósitos. El hecho de que las personas resilientes sean flexibles no implica que renuncien a sus metas, al contrario, si algo las distingue es su perseverancia y su capacidad de lucha. La diferencia estriba en que no luchan contra molinos de viento, sino que aprovechan el sentido de la corriente y fluyen con ella. Estas personas tienen una motivación intrínseca que les ayuda a mantenerse firmes y luchar por lo que se proponen.
  11. Enfrentan la adversidad con humor. Una de las características esenciales de las personas resilientes es su sentido del humor, son capaces de reírse de la adversidad y sacar una broma de sus desdichas. La risa es su mejor aliada porque les ayuda a mantenerse optimistas y, sobre todo, les permite enfocarse en los aspectos positivos de las situaciones.
  12. Buscan la ayuda de los demás y el apoyo social. Cuando las personas resilientes pasan por un suceso potencialmente traumático su primer objetivo es superarlo, para ello, son conscientes de la importancia del apoyo social y no dudan en buscar ayuda profesional cuando lo necesitan.

martes, 5 de mayo de 2015

                  ESTILOS EDUCATIVOS QUE EXISTEN

Básicamente, se distinguen 4 tipos de estilos educativos, pero lo que sí quiero dejar claro es que, el mismo padre/madre, no tienen por qué pertenecer a un mismo tipo siempre, puede variar en función de la conducta del hijo, de la situación, del momento emocional por el que atraviesa el progenitor… e incluso a veces somos incongruentes, y usamos distintos estilos para la misma conducta y situación.

Los 4 tipos son los siguientes:

A. ESTILO AUTORITARIO
1. Normas rígidas y abundantes.
2.Inflexibles en la aplicación de las mismas.
3.Escaso contacto emocional con los hijos y falta de expresividad de afecto hacia los hijos.
4.No se dialoga ni hay negociación, se impone.
5.Poco o nulo control de los impulsos en los progenitores.
6.Utiliza sobre todo el castigo y las críticas.
7.No se tienen en cuenta los intereses y preferencias del niño y se es demasiado exigente para el nivel de madurez del niño.

B. ESTILO PERMISIVO
–  Mucho afecto y contacto emocional.
–  Escaso control de las conductas del niño, falta de normas o están poco definidas.
–  Se rigen por los intereses y preferencias del niño.
–  Poco exigentes, los niños aprenden las cosas por sí mismos.
–  Evitan los conflictos, la negociación y permiten hacer al niño.
–  Delegan en otros (profesionales: maestro, amigos, pediatra…) la educación de los hijos.

 C. ESTILO NEGLIGENTE E INDIFERENTE
–  Se implican muy poco en la educación y crianza de los hijos.
– Suelen ser fríos y distantes con los hijos.
– Nula sensibilidad hacia las necesidades de los hijos.
–  Ausencia de normas, y en ocasiones además someten al hijo a severos castigos.
–  Escasa comunicación con los hijos.

D.ESTILO DEMOCRATICO
–  Son bastante afectuosos y tienen muestras de cariño con sus hijos.
–  Altos niveles de comunicación con los hijos.
–   Normas y límites claros, bien definidos y justificados o razonados con sus hijos, los que a veces además participan del establecimiento de los mismos.
–  Controlan el comportamiento de sus hijos, utilizan el refuerzo de forma adecuada y el castigo de igual manera.
– Se les educa en la autonomía y la independencia.

Qué consecuencias comportan para los hijos cada estilo educativo

1. Estilo autoritario:
–  Son obedientes y sumisos cuando hay un control externo, como el de los padres, pero en ausencia de control, se vuelven temerosos e irresponsables, ya que no se les enseña autocontrol, que es muy importante.
– Niños con baja autoestima, tendencia a la depresión y la autoculpabilidad.
–  Suelen tener escasa habilidades sociales para enfrentarse al mundo.
–  Pueden tener actitud de huida o engaño ante los conflictos.

2. Estilo permisivo:
–  Tienen una fuerte inseguridad en sí mismos.
–  Bajo rendimiento académico por falta de esfuerzo.
–  Baja tolerancia a la frustración, no están acostumbrados a que les digan no.
–  Cambios frecuentes de humor, mala regulación y autocontrol emocional y de los impulsos.
–   Inmaduros para su edad.

3. Estilo indiferente o negligente:
–  Baja autoestima.
–  No acatan ninguna norma ni límite.
–  Tienen escasa empatía, no son sensibles a las emociones de los demás.
–  Son muy vulnerables a los conflictos sociales y personales.

4. Estilo democrático:
– Mayor empatía y generosidad con los demás.
– Están más satisfechos consigo mismos.
–Tienen buena competencia y habilidades sociales. Buena autoestima, independencia y autonomía, control de impulsos y de conductas.
–Son persistentes en las tareas y tienen buen rendimiento académico.
– Buen desarrollo moral, sentido de la responsabilidad y aprendizaje de toma de decisiones.
–Muy buen afecto y relación con los padres.

Te toca a ti averiguar a cuál perteneces y si te planteas un cambio en la forma de educar a tus hijos, siempre es bueno que vayas a un especialista, quien te dará las pautas oportunas y los ejemplos concretos para que emprendas el cambio.Otra última cuestión que hay que dejar bien clara. El estilo educativo de los padres NO es el único factor influyente en la conducta de los hijos. No se debe estigmatizar al padre/madre por ello, pero lo que sí está claro, es que es un factor importante y que además es un factor que podemos controlar por entero, por lo que a igualdad del resto de condicionantes, los beneficios para los niños serán mayores con un estilo educativo democrático.
También se debe tener en cuenta, que para algunas ocasiones puede ser conveniente utilizar otro estilo educativo o que al menos ese será más eficaz. Y que un progenitor puede tener un estilo y el otro progenitor otro diferente, por lo que habrá que tener cierto “arte” para combinarlos adecuadamente y sacar de ellos lo más beneficioso para el niño.

domingo, 3 de mayo de 2015

HERIDAS EMOCIONALES

               HERIDAS EMOCIONALES DE LA INFANCIA  

 Los problemas vividos en la infancia nos muestran cómo será nuestra calidad de vida cuando seamos adultos. Además estos pueden influir significativamente en como nuestros niños de hoy actuarán mañana y en como nosotros, por otro lado, afrontaremos las adversidades.Así de alguna forma a partir de estas 5 heridas emocionales o experiencias dolorosas de la infancia, conformaremos una parte de nuestra personalidad. Veamos a continuación cuáles son nuestras heridas : 

1- El miedo al abandono


La Soledad es el peor enemigo de quien vivió el abandono en su infancia. Habrá una constante vigilancia hacia esta carencia, lo que ocasionará que quien la haya padecido abandone a sus parejas y a sus proyectos de forma temprana, por temor a ser ella la abandonada. Sería algo así como “te dejo antes de que tú me dejes a mí”, “nadie me apoya, no estoy dispuesto a soportar esto”, “si te vas, no vuelvas… Las personas que han tenido experiencias de abandono en la infancia, tendrán que trabajar su miedo a la soledad, su temor a ser rechazadas y las barreras invisibles al contacto físico.
La herida causada por el abandono no es fácil de curar. Así, tú mismo serás consciente de que ha comenzado a cicatrizar cuando el temor a los momentos de soledad desaparezca y en ellos empiece a fluir un diálogo interior positivo y esperanzador.
 2 - El miedo al rechazo
 Es una herida muy profunda, pues implica el rechazo de nuestro interior. Con interior nos referimos a nuestras vivencias, a nuestros pensamientos y a nuestros sentimientos.En su aparición pueden influir múltiples factores, tales como el rechazo de los progenitores, de la familia o de los iguales. Genera pensamientos de rechazo, de no ser deseado y de descalificación hacia uno mismo. La persona que padece esta dolorosa experiencia no se siente merecedora de afecto ni de comprensión y se aísla en su vacío interior por el miedo de ser rechazado. Es probable que, si hemos sufrido esto en nuestra infancia, seamos personas huidizas. Por lo que debemos de trabajar nuestros temores, nuestros miedos internos y esas situaciones que nos generan pánico. Si es tu caso, ocúpate de tu lugar de arriesgar y de tomar decisiones por ti mismo. Cada vez te molestará menos que la gente se aleje y no te tomarás como algo personal que se olviden de ti en algún momento.
 3- La humillación
 Esta herida se genera cuando en su momento sentimos que los demás nos desaprueban y nos critican. Podemos generar estos problemas en nuestros niños diciéndoles que son torpes, malos o unos pesados, así como aireando sus problemas ante los demás; esto destruye la autoestima infantilEl tipo de personalidad que se genera con frecuencia es una personalidad dependiente. Además, podemos haber aprendido a ser “tiranos” y egoístas como un mecanismo de defensa, e incluso a humillar a los demás como escudo protector.Haber sufrido este tipo de experiencias requiere que trabajemos nuestra independencia, nuestra libertad, la comprensión de nuestras necesidades y temores, así como nuestras prioridades.
 4La traición o el miedo a confiar
 Surge cuando el niño se ha sentido traicionado por alguno de sus padres principalmente, no cumpliendo sus promesas. Esto genera una desconfianza que se puede transformar en envidia y otros sentimientos negativos, por no sentirse merecedor de lo prometido y de lo que otros tienen.
Haber padecido estos problemas en la infancia construye personas controladoras y que quieren tenerlo todo atado y reatado. Si has padecido estos problemas en la infancia, es probable que sientas la necesidad de ejercer cierto control sobre los demás, lo que frecuentemente se justifica con un carácter fuerte.Estas personas suelen confirmar sus errores por su forma de actuar. Requiere trabajar la paciencia, la tolerancia y el saber vivir, así como aprender a estar solo y a delegar responsabilidades.
  

5- La injusticia


Se origina en un entorno en el que los cuidadores principales son fríos y autoritarios. En la infancia, una exigencia en demasía y que sobrepase los límites generará sentimientos de ineficacia y de inutilidad, tanto en la niñez como en la edad adulta.Las consecuencias directas en la conducta de quien lo padece será la rigidez, pues estas personas intentan ser muy importantes y adquirir un gran poder. Además, es probable se haya creado un fanatismo por el orden y el perfeccionismo, así como la incapacidad para tomar decisiones con seguridad.Requiere trabajar la desconfianza y la rigidez mental, generando la mayor flexibilidad posible y permitiéndose confiar en los demás.
Ahora que ya conocemos las cinco heridas del alma que pueden afectar a nuestro bienestar, a nuestra salud y a nuestra capacidad para desarrollarnos como personas, podemos comenzar a sanarlas.

domingo, 26 de abril de 2015

CÓDIGO DEONTOLOGICO

                                CÓDIGO DE ÉTICA DEL ORIENTADOR

Debemos auto evaluarnos, es por eso que considero pertinente compartirlo con mis colegas orientadoras y orientadores que buscan la excelencia y el propósito esencial:  ser un verdadero aporte a esta difícil y hermosa labor de ser orientador.

1.- El interés del orientado debe prevalecer antes que el del orientador.

2.- El orientador debe velar por el bien del orientado.

3.- El orientador ha de evitar ampliar los problemas y promesas poco reales.

4.- El orientador debe comunicarle al orientado cuando su comportamiento no es ético.

5.- El orientador debe evitar implicarse en relaciones de conflicto de roles que pueden disminuir su eficacia.

6.- El orientador tratará de no manipular al orientado, sino, posibilitarle una mayor libertad, elección e independencia.

7.- El orientador debe establecer su marco de acción de un modo claro y asegurarse que cuenta con el  apoyo de la dirección del establecimiento.

8.- El orientador no debe traspasar el marco de acción acordado sin consultarlo previamente.

9.- El orientador debe evaluar su eficacia.

10.- El orientador debe conocer sus posibles sesgos y afrontarlos.

11.- El orientador debe cooperar con otros profesionales compartiendo conocimientos.

12.- Cuando el orientador es consciente de no tener salud mental y física necesaria para su actividad, debe dejarlo.




LAS EMOCIONES



Todas las emociones son un instrumento valiosísimo puesto que nos brindan información existencial. Yo sostengo que son el sexto sentido que nos permite percibir lo importante en nuestra vida. Fijate, voy a evidenciar esto con una pregunta. Piensá en tu trabajo,tu hobbie o tu actividad favorita y respondeme: ¿cuál de los 5 sentidos te dice que tu trabajo es lo que te gusta? ¿Es porque te gusta su aroma que lo elegiste? ¿Tiene rico sabor? ¿Acaso una textura suave? ¿Lindo color? ¡No! Estoy seguro que no elegiste tu trabajo o hobbie por su textura o por como huele, sabe, suena o luce. Es una sensación de disfrute especial que experimentamos cuando hacemos algo lo que nos indica que esa actividad nos gusta, y no lo sentidos. Todos recordamos ese pasaje donde el zorro le decía al Principito: “No se ve bien si no es con el corazón, porque lo esencial es invisible a los ojos”. Las cosas importantes o esenciales las “vemos” con las emociones, nuestro “sexto sentido”.El camino hacia tus objetivos está señalizado por dentro, jamás por fuera”. Es decir, no es lo que papá, mamá o la sociedad espera para ti lo que has de elegir, sino lo que dicte tu corazón.

En algunos casos esas señales del corazón son muy claras e intensas y casi no hay lugar a dudas respecto de cuál es el propósito en la vida de esa persona. Sin embargo, en mi experiencia y en la de mis estudiantes, casi siempre existe un gran porcentaje de incertidumbre en todo lo que hacemos, sobre todo cuando nos estamos iniciando en algo. No siempre estamos tan seguros de que las señales de las emociones sean las correctas. Es que pocas veces, o más bien nunca, tenemos garantías de cómo resultará todo. Y ante esta inseguridad suelen cobrar fuerzas las opiniones de terceros donde los “deberías” provenientes de padres, sociedad e instituciones suelen ser mandatos muy fuertes que en muchos casos nos desorientan aún más.

Estas señales existenciales son simplemente emociones que van indicándote cómo te sientes respecto de algo. Puede que al imaginarte haciendo algo sientas una sensación de bienestar, o bien puede que lo sientas una vez que estés haciendo efectivamente esa actividad. Estas señales constituyen justamente tu vocación. La palabra vocación proviene del latín “vocare”, que significa llamar, convocar. La vocación es un llamado interior a hacer algo que seguramente será tan único e irrepetible como tu mismo.

No siempre entendemos estas señales en el momento, sino que las terminamos de comprender luego de un tiempo. Se trata de tener perspectiva y mirar más allá de 
nuestro horizonte. Creo que las emociones están ahí para decirnos hacia dónde mirar, a pesar de que carezcamos de explicaciones racionales, porque como decía Pascal: “El corazón tiene razones que la razón nunca entenderá”. En otras palabras, quizá no estemos entendiendo pero sí sintiendo. Intento decirte que el sentir y el intuir son herramientas de orientación existencial valiosísimas. La razón puede ayudarte a resolver problemas a corto plazo y hasta varios días vista, pero las emociones te indican la dirección final. ¡Justamente eso significa la palabra sentir!
Sentir viene del término latino “sent”, que significa ir delante, tomar una dirección; y de “sentire”, que significa tener buen juicio, tener una opinión acertada.

domingo, 5 de abril de 2015

NO TE RINDAS


Era mitad del siglo XIX y se escuchaba en las oficinas de la Escuela Primaria de un pequeño pueblo de Ohio de los Estados Unidos la siguiente conversación."El niño tiene un leve retraso mental que le impide adquirir los conocimientos a la par de sus compañeros de clase, debe dejar de traer a su hijo a esta escuela".A la mujer no pareció afectarle mucho la sentencia de la maestra, pero se encargó de transmitirle a su hijo que el no poseía ningún retraso y que Dios, en quien confiaba fielmente desde su juventud, no le había dado vida para avergonzarlo, sino para ser un hombre de éxito. Pocos años después, este niño, con solo 12 años, fundó un diario y se encargaba de venderlo en la estación del ferrocarril de Nueva York. No fue todo, se dedicó a estudiar los fenómenos eléctricos, y gracias a sus estudios logró perfeccionar el teléfono, el micrófono, el megáfono, y otros inventos como el fonógrafo, por citar solo alguno. Que lejos quedaba en el recuerdo del niño las palabras de su maestra.
Todo parecía conducirse sobre ruedas hasta que un día se encontró con un gran obstáculo, su mayor proyecto se estaba desvaneciendo ante sus ojos, había buscado incansablemente la forma de construir un filamento capaz de generar una luz incandescente, pero que al mismo tiempo resista la fuerza de la energía que lo encendía.
Sus financistas estaban impacientes, sus competidores parecían acercarse a la solución antes que él, y hasta sus colaboradores se encontraban desesperanzados.Luego de tres años de intenso trabajo uno de ellos le dijo "Thomas, abandona este proyecto, ya llevamos mas de tres años y lo hemos intentado en mas de dos mil formas distintas y solo conocemos el fracaso en cada intento". La respuesta no se hizo esperar y se dirigió a el con la misma vehemencia que su madre había tenido unos 25 años atrás …"mira, no sé que entiendes tu por fracaso, pero de algo si estoy seguro, y es que en todo este tiempo aprendí que antes de pensar en dos mil fracasos he descubierto mas de dos mil maneras de no hacer este filamento y eso me da la pauta de que estoy encaminado". Pocos meses después iluminó toda una calle utilizando la luz eléctrica.
Su nombre fue Thomas Alva Edison, una persona que entendió la manera de vivir de Gloria en Gloria, y pudo ver aún en las tormentas más fuertes, el pequeño sendero que lo llevaría al éxito.
Habacuc 3:17 al 19 "Aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya frutos; aunque mienta la obra de la oliva, y los labrados no me den ni para mantenerme. Aunque las ovejas sean quitadas de la majada y no haya vacas en los corrales; con todo eso yo me alegraré en el Señor y me gozaré en el Dios de mi salvación. El Señor es mi fortaleza… y me hará andar sobre alturas"